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La prolepsis


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Por César Sánchez Ruiz



En un artículo anterior te había hablado de la analepsis. Pues bien, en este voy a hablarte del recurso opuesto: la prolepsis. Consiste en interrumpir la narración para comunicar unos hechos que sucederán en el futuro en relación a aquellos de los que se venía hablando. La prolepsis no se usa tanto como la analepsis, pero igualmente te conviene saber lo básico sobre el recurso.

Pondré un ejemplo de prolepsis. En el inicio de la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, el narrador anticipa qué le sucederá a uno de los personajes:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas claras y diáfanas que se precipitaba por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. [...]


He marcado en azul la prolepsis. Puedes ver cómo la narración salta al futuro para explicar en qué situación se encontrará el personaje años después, y luego regresa al tiempo en que, de niño, vivía con su padre.

Es una prolepsis un tanto particular, porque la novela comienza con ella, esto es, no se informa previamente de a qué tiempo se estaba haciendo referencia justo antes del salto de la narración al futuro, sino que se da la información luego, en la misma frase.

Más adelante en la novela, todavía en su primer capítulo, encontramos otra prolepsis, muy breve, con la que sí se produce ya la típica interrupción:

Melquíades [...] era un hombre lúgubre, envuelto en un aura triste, con una mirada asiática que parecía conocer el otro lado de las cosas. Usaba un sombrero grande y negro, como las alas extendidas de un cuervo, y un chaleco de terciopelo patinado por el verdín de los siglos. Pero a pesar de su inmensa sabiduría y de su ámbito misterioso, tenía un peso humano, una condición terrestre que lo mantenía enredado en los minúsculos problemas de la vida cotidiana. Se quejaba de dolencias de viejo, sufría por los más insignificantes percances económicos y había dejado de reír desde hacía mucho tiempo, porque el escorbuto le había arrancado los dientes. El sofocante mediodía en que reveló sus secretos, José Arcadio Buendía tuvo la certidumbre de que aquel era el principio de una grande amistad. Los niños se asombraron con sus relatos fantásticos. Aureliano, que no tenía entonces más de cinco años, había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica y reverberante de la ventana, alumbrando con su profunda voz de órgano los territorios más oscuros de la imaginación [...]


Es importante que te fijes en cómo el autor se ha preocupado de dejar claro cómo la narración pasa a referirse a un tiempo futuro, tanto en el primer ejemplo:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a [...]


... como en el segundo:

Aureliano [...] había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica [...]


Igualmente, el autor se ha preocupado de dejar claro el regreso al que venía siendo el tiempo principal de la narración:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a [...]


Lo mismo en el segundo ejemplo:

Aureliano [...] había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica [...]


Si no lo hacemos así, el lector podría perder el hilo de la narración.

Una prolepsis puede usarse para generar expectativa, como hizo Gabriel García Márquez en el primer ejemplo, o simplemente para dar una cierta información adicional que venga al caso, como hizo en el segundo.

Hay que tener en cuenta que, en principio, solo podremos usar una prolepsis cuando la narración sea ulterior, esto es, el narrador esté situado en el futuro, explicando la historia con los verbos en pasado, de manera que tenga una perspectiva de todo lo ocurrido. Siempre el punto de vista de la narración condiciona qué podemos contar y qué no.


Bueno, pues hasta aquí esta explicación. Si te ha resultado valiosa, y no quieres perderte las próximas que escriba, únete a mi ejército literario, y te enviaré un aviso cada vez que publique una, además de contenidos que solo envío a mi lista.

Lee sobre el recurso opuesto: la analepsis.


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